Dónde comer en Hanoi
Comer en Hanoi no es solo llenar el estómago: es una de las formas más directas de entender la ciudad. Aquí la vida pasa entre cucharones, parrillas improvisadas y tazas de café que parecen alquimia. La capital de Vietnam tiene fama de tener la mejor comida callejera del país, y no es casualidad: cada esquina huele a caldo hirviendo, a hierbas frescas y a carbón encendido. Comer es tan parte del paisaje como las motos o los templos.
Lo práctico: la ciudad está hecha para que pruebes algo distinto en cada calle. Hay puestos callejeros por menos de 2 €, pequeños restaurantes familiares que llevan generaciones perfeccionando una receta, y locales modernos que reinterpretan la tradición con un toque creativo. Lo bonito es que todo convive, así que en un mismo día puedes desayunar en un taburete de plástico en la acera y cenar en un rooftop con vistas al lago. Y todo sin que tiemble el bolsillo.
Hemos venido a comer
¿Y qué se come en Hanoi? Prepárate para los clásicos: el phở, rey de los desayunos; el bún chả, ese festín de fideos fríos con carne a la brasa que hasta Obama probó aquí; el banh mi, bocadillo de herencia francesa y alma vietnamita; o los cafés más sorprendentes que vas a beber nunca, incluido el famoso egg coffee y el de sal (y sí, suenan asquerosos pero están riquísimos). Y eso solo es el principio: cada plato cuenta una historia, y cada bocado es una excusa para seguir explorando.
En el corazón del Old Quarter, Hidden Gem Café hace honor a su nombre: es un rincón que parece secreto aunque todo el mundo que lo descubre lo recomienda. Su espacio es un canto al reciclaje creativo —muebles hechos con ruedas de bici, mesas de madera rescatada, botellas convertidas en lámparas— y aun así todo encaja con un encanto cálido que invita a quedarse. Aquí no vienes solo a tomarte un café, sino a sentir que formas parte de un Hanoi más consciente, más sostenible y mucho más auténtico.
La carta es otro viaje. Platos vietnamitas con base vegetal, zumos frescos que saben a huerto recién exprimido y un repertorio de opciones veganas y vegetarianas que hasta los más carnívoros celebran. El tofu, preparado con cariño y técnica local, se convierte en estrella incluso para los escépticos. Y si no quieres complicarte, un egg coffee aquí sabe a gloria con vistas a ese caos ordenado de motos y vida que pasa justo afuera. Es un sitio que demuestra que comer bien, rico y responsable en Hanoi no solo es posible, sino un planazo.
En mayo de 2016, el entonces presidente Barack Obama y el chef Anthony Bourdain compartieron una comida informal en este modesto restaurante de Hanoi, catapultándolo a la fama mundial. Desde entonces, Bún chả Hương Liên se ha convertido en una parada obligatoria para los amantes de la gastronomía que visitan la ciudad.
El plato estrella, el bún chả, consiste en cerdo a la parrilla marinado con una mezcla especial de salsa de pescado, azúcar, cebolla y pimienta, servido con fideos de arroz, hierbas frescas y una salsa agridulce única. El restaurante ofrece el «Combo Obama», que incluye bún chả, rollitos de primavera y una cerveza local, replicando la comida que disfrutaron Obama y Bourdain por tan solo 6 dólares.
Este buffet elegante y sin pretensiones (sí, ambas cosas pueden ir juntas) es como una enciclopedia comestible del país: desde los platos del norte como el bun cha y el pho, hasta las especialidades menos conocidas del centro y el sur, con mariscos, guisos, carnes y postres que no habías oído nunca pero querrás repetir.
Lo mejor es que aquí no se trata solo de llenar el plato: la ambientación está cuidada al detalle, con decoración inspirada en la arquitectura tradicional vietnamita, música en vivo por momentos y una atención tan amable que parece salida de una película. Ven con hambre y sin prisas, porque esto no es una comida rápida: es una experiencia completa. Ideal para cerrar el día o celebrarte a ti misma, que también es importante.
Li Club Hanoi es de esos lugares que parecen pensados para darle un respiro elegante al caos del Old Quarter. Entras y de golpe se apaga el ruido de las motos: sofás amplios, luz cálida y una atmósfera que mezcla lo clásico con lo contemporáneo. El sitio tiene ese aire de club refinado pero sin postureo, perfecto tanto para cenar con calma como para alargar la noche con un cóctel en mano.
En la mesa, la propuesta juega entre Vietnam y la fusión con acentos internacionales, logrando un menú que sorprende sin pasarse de experimental. Desde clásicos reinterpretados como los rollitos frescos con un twist, hasta carnes marinadas con un punto justo de sofisticación. Todo acompañado de una bodega cuidada y cócteles bien pensados. Si buscas una experiencia que combine cocina, ambiente y un puntito de sofisticación local, Li Club es ese rincón al que ir a tiro hecho.
Y como no todo va a ser cuchara y palillos, después de darte este homenaje gastronómico, te invito a estirar las piernas y perderte por la ciudad. Hanoi no solo se come, también se vive en cada templo, cada calle y cada lago. Si quieres saber cómo bajar tanta delicia entre historia, motos y magia, pásate por mi artículo de qué ver en Hanoi: la mejor digestión que le puedes regalar a este viaje.
Sígueme en Instagram y Facebook para estar al día de todo 😉