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Praga por segunda vez


¿Sabías que Praga fue prácticamente la única gran capital europea que salió casi intacta de la Segunda Guerra Mundial? Mientras muchas ciudades veían cómo se derrumbaban sus edificios y su historia (Varsovia fue absolutamente devastada), la capital checa quedó milagrosamente en pie, guardando siglos de arquitectura gótica, barroca y renacentista como si el tiempo se hubiese detenido.

La verdad es que Praga es ese lugar donde cada rincón parece diseñado para ser fotografiado. Desde el imponente Castillo de Praga, que domina la ciudad desde lo alto, hasta el famoso Reloj Astronómico que cada hora se llena de curiosos mirando su desfile mecánico medieval. Y ni hablar del Puente de Carlos al amanecer… cruzarlo sin multitudes y con la bruma sobre el Moldava es una experiencia que te deja sin palabras (y con muchas fotos, obvio).

Pero a pesar de que Praga hoy no es la misma ciudad tranquila que cuando fui hace 10 años, todavía hay rincones en silencio y algunos zapatips para disfrutar a solas de lo más turístico.

Qué ver en Praga

De todo lo que ver en Praga, siempre me ha conquistado lo que no se ve. Esa mezcla de melancolía bohemia con vida moderna. Puedes tomarte una cerveza artesanal en una taberna escondida entre callejones empedrados, o encontrar arte alternativo en antiguas fábricas reconvertidas. Todo con ese aire rebelde y auténtico que te hace sentir parte de la ciudad, aunque estés de paso.

Por cierto, si quieres una primera aproximación, aquí te dejo un Free Tour (ya sabes, propina sugerida).

Divide Praga y vencerás

Praga no se ve, se saborea… pero separemos entrantes, primeros platos y postre. Como no quiero que te me líes ni que te pierdas lo mejor por ir a lo loco, he dividido la ciudad en cuatro barrios clave:
Staré Město (el corazón antiguo)
🏙 Nové Město (la parte “nueva” que ya es historia)
🌉 Malá Strana (el barrio más bonito bajo el castillo)
🕍 Josefov (el barrio judío, lleno de memoria)

En este artículo te los presento de forma resumida para que sepas por dónde van los tiros, pero si quieres entrar en detalle, con mapas, rincones escondidos y los mejores sitios para comer y fliparlo, te dejo enlazada cada sección para que la explores tranquilita y a tu ritmo. Praga no se corre, Mari. Se camina lento, con un trdelník en una mano y la otra haciendo fotos.

Staré Město

Si imaginás Praga con calles adoquinadas, fachadas de cuento y campanarios góticos pinchando el cielo… estás pensando en Staré Město, la Ciudad Vieja. Es el barrio más fotogénico y también el más transitado, pero no por eso deja de tener rincones que sorprenden. Acá la historia no está solo en los libros: la ves en cada piedra, en cada fachada y en cada café donde parece que Kafka podría entrar a pedir un espresso.

El corazón del barrio es la Plaza de la Ciudad Vieja, donde todo parece estar colocado para dejarte con la boca abierta. La Iglesia de Nuestra Señora de Týn te observa con sus torres desiguales, y el Reloj Astronómico te recuerda a cada hora que el tiempo vuela… y que todos los turistas tienen cámara. Al lado, el Clementinum guarda una de las bibliotecas más bonitas del mundo, y no lo digo por decir: globos terráqueos, frescos barrocos y vibes de peli de aventuras total. Puede que volviera a Praga por segunda vez por esto 🙂

Pero no todo es monumental. En este barrio también encontrás detalles para obsesionarte: como la escultura de Freud colgando de una viga, la casa más pequeña de Praga encajada entre edificios o la Torre de la Pólvora, que además de tener nombre épico, ofrece unas vistas bien chulas. Y si lo tuyo son los libros, no te pierdas la “Torre Infinita” de la Biblioteca Municipal: un túnel de papel que te lanza directo al conocimiento eterno (o a Instagram, según el día).

Si querés seguir explorando a fondo Staré Město, con todos los datos, planes y rincones para perderse, te dejo mi artículo completito acá: Guía completa de Staré Město.

Josefov + Nové Město

Hay un rincón de Praga donde la historia pesa más de lo que parece. Josefov, el antiguo barrio judío, es pequeño pero intensísimo. Basta una caminata entre sinagogas y lápidas centenarias para que el tiempo se te encaje en los tobillos. La Sinagoga Española parece una caja de música dorada, el Antiguo Cementerio Judío te deja sin palabras (ni fotos, por respeto), y en cada calle hay huellas del pasado que estremecen. Es de esos lugares donde no se viene solo a mirar, sino a sentir.

Y al salir de Josefov, cruzás al otro lado del reloj y aterrizás en Nové Město, que de “nuevo” ya solo tiene el nombre. Este barrio nació como expansión medieval, pero hoy es el Praga más urbana, con cafés de diseño, avenidas anchas y joyitas escondidas como la Sinagoga de Jerusalem (preciosa por dentro y por fuera) o la Biblioteca Municipal, donde hay una torre de libros que parece infinita. También está la Oficina de Correos más bonita que vas a ver en tu vida, y sí, merece la visita aunque no mandes ni una postal.

¿Querés saber más sobre estos dos barrios que combinan historia profunda y modernidad checa? Te dejo el artículo completo aquí: Guía Josefov + Nové Město

Malá Strana

Malá Strana es la otra cara de Praga, la que se despliega al cruzar el Puente de Carlos hacia el oeste y de repente todo se vuelve más silencioso, más empedrado y más de cuento. Aquí las fachadas son de tonos pastel, las cuestas tienen nombre y las iglesias parecen decorados barrocos a tamaño XL. Pero que no te engañe su calma: este barrio tiene más historia por metro cuadrado que muchas capitales enteras.

La joya indiscutible es el Castillo de Praga, ese mega complejo que parece un barrio entero y que lleva ahí desde el siglo IX vigilando la ciudad. Dentro te espera la Catedral de San Vito, que es una de esas obras góticas que te hacen mirar hacia arriba con cara de “¿pero esto cómo lo construyeron?”. Las vidrieras, los techos infinitos, el órgano… todo es un espectáculo. Al salir, puedes seguir callejeando por el Callejón de Oro, una callecita diminuta que parece decorado de serie medieval y que, por cierto, tuvo como vecino a Franz Kafka durante un tiempo.

¿Más joyitas? Pues sí: la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, famosa por el Niño Jesús de Praga. Que igual no ibas buscando ver una figura con miles de trajes bordados y coronitas, pero sales con la sensación de que acabas de ver algo entre kitsch, místico y adorable. De ahí puedes caminar hacia el sur hasta la Isla Kampa, parar en el Muro de John Lennon, respirar el arte callejero y, si te da por explorar más, perderte por la Nejužší Ulice, la calle más estrecha de Praga, con semáforo y todo.

Y por si todo esto fuera poco, aquí también está la subida a la Torre Petrín, la prima checa (y bajita) de la Torre Eiffel. Desde arriba, la vista de tejados, agujas y cielo es de las que se quedan contigo. Malá Strana tiene ese mix brutal de historia, paisajes, iglesias, arte callejero y callejones románticos.

Te dejo el artículo completo de Malá Strana aquí.

Dónde dormir en Praga

Dormir en Praga puede ser una aventura: o te gastas un dineral por un hotel en pleno centro o te toca buscar algo más auténtico y económico. Yo, después de varias vueltas, me quedé con HomeExchange: casas de gente local, espacios con personalidad y sin pagar por noche, solo intercambiando tu casa o usando puntos. En Malá Strana o Nové Město hay opciones de pisos con encanto, desde apartamentos con vistas a la ciudad hasta rincones con ese toque bohemio que tanto mola.

Si prefieras algo más clásico y rápido, en Booking hay un montón de alojamientos para todos los gustos y bolsillos. Mi consejo es que elijas barrios como Nové Město, para estar cerca de todo y con ambiente vibrante, o Malá Strana, para un rollito más tranquilo y con historia a cada paso. Te dejo enlaces para que eches un ojo y elijas lo que más te apetezca.

Hoteles en Malá Strana

Hoteles en Nové Město

Dónde comer en Praga

Si buscas sitios donde comer bien en Praga sin caer en trampas para turistas, apunta estos nombres. Uno de mis favoritos fue Pork’s Mostecká, justo al ladito del Puente de Carlos: la carne está de escándalo (el codillo y las costillas son nivel Dios), pero más te vale reservar si no quieres comerte los mocos.

Otro con rollazo es Lokál U Bílé kuželky, muy cerquita también, donde la cerveza va como el agua y si tienes suerte y te bajan al sótano, te juro que te sientes en una taberna checa de peli buena.

Otros recomendados que me llegaron con buenas referencias fueron Mlejnice y Kuchyň, que se curran el tema tradicional. En cuanto a lo típico que probar en Praga, no te vayas sin un buen svíčková (ternera con salsita cremosa y bolitas de pan), goulash en panecillo, codillo asado o la bomba dulce del trdelník (aunque este último es más postureo que tradición checa, pero oye, pa’ la foto y el antojo, sirve).

Si tienes alguna duda o quieres que te personalice el viaje ¡contáctame para lo que necesites!

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