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Qué ver en Varsovia


Como siempre tras un viaje (bueno, eso es mentira, llevo tela de retraso) traigo mi lista de cosas que ver en Varsovia y te advierto que esta ciudad no es amor a primera vista… sino de los que se cuecen lento. 

A diferencia de Cracovia, que te lanza su encanto medieval nada más llegar, la capital polaca puede parecer gris, algo rota, muy reconstruida. Pero si le das una oportunidad, te das cuenta de que aquí se han inventado la resiliencia. La ciudad fue arrasada, vuelta a levantar y ahora vibra con arte, música, historia y birras frías junto al río.

No esperes una ciudad de postal a cada metro, espera una ciudad con carácter con rincones con gran encanto. Donde una sinagoga puede ser una galería alternativa, un edificio comunista puede tener un rooftop con DJs, y un parque se convierte en sala de conciertos al aire libre. Varsovia tiene algo de Praga, algo de Budapest… pero con ese toque polaco de “nos ha costado, pero aquí estamos”. Y, por cierto, me gustó más que Cracovia, que es quien tiene la mejor fama (alguien tenía que decirlo).

Qué ver en Varsovia

Pues un buen puñado de cosas: desde su ciudad vieja (sí, está reconstruida, pero no por eso es menos bonita), hasta distritos que están que arden creativamente, neones que cuentan historias y parques donde te quedarías a vivir. Aquí va la lista de lo que no deberías perderte y de lo que a mí me encandiló en apenas 24 horas.

Ruta Real

La ruta real siempre es algo impepinable que ver en Varsovia, en Edimburgo, en Cracovia… El increible paseo va desde la Ciudad Vieja hasta el Parque Łazienki, pasando por iglesias, palacetes y tiendas.

Esta ruta conecta el Castillo Real en la Ciudad Vieja con la antigua residencia de verano de los reyes, el espectacular Palacio de Wilanów. A lo largo del camino, atraviesas calles icónicas como Krakowskie Przedmieście y Nowy Świat, pasando por lugares clave como la Universidad de Varsovia, la Iglesia de Santa Cruz (donde está el corazón de Chopin), el Parque Łazienki con su palacio sobre el agua, y un montón de palacetes, iglesias y monumentos.

Es una mezcla perfecta de historia, cultura y buen paseo y encima te voy a contar mis paradas favoritas.

Ciudad Vieja (Stare Miasto)

Otro impepinable que ver en Varsovia es la Ciudad Vieja. En realidad es como ese amigo que ha pasado por todo y aún así siempre tiene buena cara. Aunque hoy la veas llena de color, terrazas y turistas, en 1944 quedó reducida a escombros tras el Levantamiento de Varsovia. Pero los varsovianos dijeron “ni hablar” y la reconstruyeron piedra a piedra. Lo hicieron tan bien que la UNESCO la incluyó como Patrimonio de la Humanidad, por ser un ejemplo épico de restauración urbana.

Alrededor de la plaza del mercado, las casas tienen nombres de antiguos vecinos famosos y esconden museos como el Histórico y el de Literatura. Muy cerca, la Plaza del Castillo con su estatua de Segismundo III —el rey que hizo a Varsovia capital— marca el arranque perfecto para explorar el casco antiguo. Y si sigues caminando, te topas con el Barbican, la puerta fortificada que conecta la Ciudad Vieja con la Nueva, integrada en las murallas medievales que aún sobreviven (y que son bonitas de narices).

Iglesia de Santa Cruz

Y de los mejores salseos que ver en Varsovia: la Iglesia de Santa Cruz. A simple vista puede parecer “una más”, pero guarda un tesoro de lo más curioso: el corazón de Frédéric Chopin está literalmente emparedado en uno de sus pilares. Sí, su cuerpo está en París, pero su corazón —porque Polonia es su patria del alma— fue traído en secreto por su hermana, escondido en una botella de coñac para burlar a los controles fronterizos.

El corazón está sellado en una urna con inscripción, y no es raro ver flores o velas dejadas por fans del compositor. Más allá del salseo romántico, la iglesia en sí es una joyita barroca, con fachada imponente y un interior que mezcla sobriedad con historia viva. Si te gusta la música o simplemente el rollo histórico con un toque de drama, esta parada es 100 % imprescindible. 

Ah, y no te vayas sin ver la pedazo de estatua de Juan Pablo II que te recibe en la entrada como buen anfitrión polaco. Es enorme, solemne y da el punto justo de solemnidad a esta iglesia que, como ves, tiene más salseo del que parece.

Market place

La Plaza del Mercado es de las mejores partes de la Ciudad vieja que ver en Varsovia. Hoy está llena de cafés, artistas callejeros y tiendas de souvenirs, pero siglos atrás fue el epicentro de juicios públicos, comercio y algún que otro incendio catastrófico. Destruida casi por completo en la Segunda Guerra Mundial, fue reconstruida con tanto mimo que parece que el tiempo no pasó. En el centro te recibe la sirena guerrera de Varsovia —sí, con su espada y escudo—, la leyenda viviente que protege la ciudad desde el siglo XIX (aunque la original está guardadita en el museo).

Historia, arte, comida rica y una sirena mitológica: imposible pedir más.

La sirena de Varsovia, según la leyenda, llegó nadando desde el Atlántico por el río Vístula, fue capturada por un comerciante y liberada por un pescador local. En agradecimiento, prometió proteger la ciudad siempre que hiciera falta.

Por cierto, si te fijas en las casas, algunas aún lucen los escudos de gremios medievales —carpinteros, cerveceros, mercaderes—, como si aún siguieran compitiendo por quién tenía la fachada más top del barrio.

Castillo Real

El Castillo Real de Varsovia, justo al borde de la Ciudad Vieja, es uno de esos lugares que resumen la historia de Polonia en ladrillos y techos verdes. Fue residencia de los reyes polacos desde el siglo XVI y vio de todo: coronaciones, conspiraciones, incluso sesiones del parlamento. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis lo volaron casi por completo, pero décadas después los polacos lo reconstruyeron piedra por piedra, usando pinturas, planos y hasta recuerdos. Hoy en día, el castillo es un museo con interiores que te devuelven al esplendor real, incluyendo la Sala del Trono y obras maestras de artistas como Rembrandt.

Memorial judío

Te cuento, pero prepara el estómago para esto: justo aquí fue donde más de 300,000 judíos fueron obligados a subir a trenes rumbo a Treblinka durante la ocupación nazi. El memorial, inaugurado en 1988, imita un vagón de tren abierto y está hecho con bloques de mármol blanco y negro, como el manto de oración judío (talit). En sus paredes hay grabados 400 nombres típicos judíos, representando simbólicamente a miles de víctimas.

La visita es gratuita y puedes pasarte a cualquier hora del día, cualquier día de la semana. No hay taquillas ni horarios: solo tú, el silencio, y un sitio cargado de historia que pide respeto. Ideal para una parada reflexiva mientras recorres la parte norte del gueto de Varsovia. ¿Lugares turísticos? Sí. ¿Lugares que te remueven por dentro? También

Monumento al Levantamiento de Varsovia

Por falta de tiempo me quedé sin ver el cementerio judío de Okopowa (que me habían recomendado mucho, pero al ser sábado… ya tu sabbath), así que en su lugar me acerqué al Monumento al Levantamiento de Varsovia, y la verdad, me pareció uno de esos lugares tan espectaculares que te sacuden un poco por dentro (y gratis).

Este monumento homenajea a los héroes del levantamiento de 1944, cuando la ciudad se rebeló contra la ocupación nazi. Aunque la revuelta duró 63 días y acabó en tragedia, se ha convertido en símbolo de resistencia y orgullo nacional. Las figuras de bronce representan a los insurgentes saliendo de las ruinas y entrando en la lucha, y están tan bien hechas que casi parecen moverse. A su alrededor, todo está lleno de historia: placas, flores, y un silencio raro en medio del bullicio de la ciudad.

Está muy cerca del casco histórico, así que te lo puedes encontrar de camino sin desviarte mucho. Y aunque no estés muy puesto en historia, este es de esos sitios que no necesitan mucha explicación para imponerse.

Praga District (Praga Północ)

Kazimierz era antiguamente una ciudad independiente y fue durante siglos el corazón de la vida judía en Polonia. Luego vino la ocupación nazi, que convirtió el barrio en una sombra de sí mismo. Hoy, sin olvidar ese pasado, Kazimierz ha resucitado con una energía única: sin lavarse del todo la cara, sigue teniendo fachadas desconchadas, pero ahora albergan cafés bohemios, librerías con vinilos de segunda mano y sinagogas que aún laten con historia.

Pasear por Kazimierz es como ir cambiando de época calle a calle. Puedes salir de una antigua sinagoga como la Remuh —donde todavía hay un cementerio judío del siglo XVI— y acabar comiéndote un zapiekanka XXL en Plac Nowy, mientras suena jazz balcánico en algún bar improvisado. 

Y de noche, el barrio se transforma en uno de los epicentros del ocio de Cracovia, sin perder su aire melancólico. Pero no te preocupes, Kazimierz no se ha vuelto un parque temático: sigue siendo crudo, auténtico, con cicatrices visibles… y eso lo hace aún más sorprendente.

Estos altares surgieron durante la Segunda Guerra Mundial y existen más de 100 en todo el barrio. Están dedicados a la Virgen María y uno de los más antiguos es el que se ubica en la esquina de las calles Ząbkowska y Korsaka, con una figura de la Virgen con el Niño.

Street Art en en distrito de Praga

Además de su historia palpable y su ambiente medio decadente-medio cool, Kazimierz también tiene paredes que hablan, literalmente. Los murales que decoran algunas de sus calles no son graffiti al tuntún, sino auténticas obras de arte urbano que mezclan memoria, fe y cultura pop. Desde representaciones pixeladas de altares marianos hasta retratos de David Bowie —que sí, estuvo en Polonia y le dedicó una canción—, los muros de Kazimierz se han convertido en un museo al aire libre. No hace falta buscarlos con mapa en mano: basta con dejarse llevar y mirar hacia arriba de vez en cuando.

Catedral de San Miguel Arcángel

En medio de ese collage urbano que es Praga Północ resalta con dos enormes tores la Catedral de San Miguel Arcángel. De ladrillo rojo, esta iglesia ortodoxa es uno de esos lugares que no esperas encontrar… y por eso impacta más. Fue construida a finales del XIX para los soldados rusos, y aunque hoy tiene un aire mucho más calmado, por dentro sigue oliendo a incienso y a historia. Si pillas una misa con cantos ortodoxos, quédate un rato: te va a poner la piel como escarpias, incluso aunque no entiendas ni una palabra.

Biblioteca de la Universidad de Varsovia (BUW)

Y sí, la biblioteca de la Universidad (BUW) es algo que ver en Varsovia, aunque no tengas ni intención de estudiar. Por fuera parece una mezcla entre invernadero moderno y edificio sci-fi, y por dentro, reina el silencia entre libros, cafeterías y estudiantes. Pero lo más top está arriba: su jardín en la azotea, uno de los más grandes y bonitos de Europa, abierto de abril a octubre. Es gratis y tiene unas vistas y un recorrido tan laberíntico como precioso (si hace buen tiempo, claro).

Además, el edificio entero está pensado como un espacio público abierto, así que no hace falta ser estudiante para entrar. Puedes curiosear, relajarte, sacar fotos increíbles o simplemente sentarte a ver pasar la vida entre plantas, puentes y rincones verdes.

Tomb of the Unknown Soldier

En realidad la Tumba del Soldado Desconocido en Varsovia es uno de los pocos restos del Palacio Sajón, destruido en la Segunda Guerra Mundial. Desde 1925 guarda los restos de un soldado polaco no identificado como símbolo de todos los que murieron por la patria. Justo en medio de la Plaza Piłsudski, este monumento tiene una llama eterna y una guardia de honor que cambia cada hora, al más puro estilo coreografía militar. Curiosamente, sobrevivió a la destrucción nazi y hoy es un punto de parada obligado para honrar la historia… o para sacar una buena foto con solemnidad incluida.

Dónde dormir en Varsovia

Lo ideal es buscar alojamiento a no más de 10‑15 min andando del casco antiguo (Stare Miasto). Merece la pena gastar un poco más por dormir cerca: te ahorras el transporte, el desgaste y ganas tiempo para patearte la ciudad sin excusas.

Yo estuve en el Apartamenty Platinia – komfortowe noclegi Kraków Stare Miasto, un bloque de apartamentos en la calle Starowiślna, pegadísimo al casco antiguo y al barrio de Kazimierz (5–10 min a pie) Lo bueno: limpieza, ubicación top y equipamiento completo (mini nevera, hervidor, tele, secador…) . Lo malo: no hay recepcionista ni personal in situ (todo es con códigos o llamadas) y no puedes dejar la maleta antes/durante el check‑in/out —si llegas con tiempo tendrás que cargar el equipaje por tu cuenta o buscar taquillas como buen urbanita improvisado.

Para un finde es ideal: cómodo, bien ubicado, sin florituras, pero ojo con la logística del equipaje y no esperes que te reciban con una sonrisa en la recepción.

Yo elegí el Old Town Kanonia Hostel & Apartments. en un apartamento que era más soviético imposible: muebles funcionales, cero lujos… pero limpísimo, bien equipado y con lo justo para un finde explorando la ciudad. No vas a estar mucho tiempo dentro, así que si buscas algo práctico y bien ubicado, este sitio cumple de sobra.

Te dejo aquí el enlace de mi apartamento: Old Town Kanonia Hostel & Apartments.

Qué comer en Varsovia

Uno de mis descubrimientos culinarios fue la cadena Gościniec Polskie Pierogi, perfecta para pinchazo rápido de comida polaca decente. Me pedí sus míticos pierogi (tienen mogollón de variedades: carne, champiñones, queso…) y también el clásico kotlet schabowy —esa chuleta de cerdo empanada con patatas y ensalada de pepino—. Todo muy tradicional, a precio razonable y en un ambiente familiar. No es haute cuisine, pero son de esos platos que te dejan con el estómago contento y pensando “esto tenía que probarlo sí o sí”. Ah, y el que yo elegí esta justo al lado de la muralla, encima con vistazas.

Si tienes alguna duda o quieres que te personalice el viaje ¡contáctame para lo que necesites!

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