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Le llaman la Venecia provenzal, y yo diría que Burano y Murano morirían de envidia si vieran lo jodidamente bonita que es Martigues. Y, sobre todo, la poca gente con la que te cruzas cuando la recorres.

Martigues fue la última parada de mi ruta por el sur de Francia, una ruta que empezó en Toulouse y terminó, después de pasar por Albi, Cordes-sur-Ciel, Carcassonne y Narbona, en esta pequeña ciudad de la Costa Azul.

Y sí, llegué con las expectativas bastante altas.

Después de todo, llevaba días recorriendo pueblos y ciudades preciosos y Martigues tenía que ser el broche final. Pues oye… las superó.

Pasé dos días descubriendo su centro histórico, sus tres barrios, sus canales, sus puentes, su playa en pleno centro y algunas de las playas de los alrededores. Y tengo que decir que me habría quedado unos cuantos días más.

Lo sé. Esa ilusión mía de emocionarme como una niña cada vez que descubro un sitio nuevo que me fascina, vuelve a estar dando guerra. 😂 Pero es que Martigues se me quedó corta.

Y eso, viniendo de mí, es mucho decir.

Así que sí: pienso volver. Porque ya sabes que yo no cuento destinos…

Qué ver en Martigues

Martigues es hoy un lugar idílico, pero en realidad eran tres barrios históricos: L’Île, Jonquières y Ferrières, durante siglos independientes y enfrentados entre sí. Es más, cada uno con su propia iglesia, su propia identidad y, por lo que parece, pocas ganas de mezclarse con el vecino.

No fue hasta 1581 cuando decidieron dejarse de rivalidades y unirse para formar la Martigues que conocemos hoy.

Y aunque cada uno tiene su propia personalidad, yo los recorrí como si fueran un único lugar.

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🐟 L’Île, la postal de Martigues

Si solo tienes tiempo para conocer una parte de Martigues, que sea L’Île. Aquí están las casitas de colores, los canales, las barquitas y ese conjunto de rincones que justifican lo de “Venecia Provenzal”.

L’Île es el barrio más peculiar de los tres porque está rodeado de agua y, durante siglos, estuvo muy ligado a la pesca y a la vida de sus pescadores. Hoy es probablemente la zona más fotogénica de Martigues y, sinceramente, yo podría pasarme horas dando vueltas por aquí. Y, lo mejor, sin apenas cruzarme con un turista.

Miroir aux Oiseaux

El culpable de buena parte de las fotos bonitas que has visto de Martigues es el Miroir aux Oiseaux.

Este pequeño rincón junto al Canal Saint-Sébastien es probablemente la imagen más famosa de la ciudad: fachadas de colores, pequeñas embarcaciones, agua en calma y reflejos que hacen que todo parezca todavía más bonito.

Y no penséis que esto es una moda de Instagram de hace cuatro días. 😂 El lugar lleva siglos llamando la atención de artistas y fue protegido como sitio clasificado en 1942. Por aquí pasaron pintores como Delacroix, Corot, Ziem o Dufy, que también encontraron inspiración en estas casas y en sus reflejos sobre el agua.

Yo intentaría venir a primera hora, cuando hay menos gente y el agua suele estar más tranquila. Porque aquí el espejo no es solo el nombre: los reflejos hacen prácticamente la mitad del trabajo.

La Martigues de los pescadores

Si algo explica la relación de Martigues con el agua es que aquí la pesca no era decoración: era una forma de vida.

Paseando por L’Île todavía encontrarás las antiguas casas de pescadores junto a los canales y algunos rincones que recuerdan ese pasado marinero.

Y aquí aparecen también dos personajes que me encantaron: el pescador y la segadora de redes, dos esculturas que homenajean precisamente a quienes vivían del mar y a quienes reparaban las redes después de la jornada.

Pointe San-Crist: cambia la perspectiva

Después de callejear por L’Île, merece la pena alejarse un poquito de los canales y buscar la Pointe San-Crist.

Desde aquí tienes una perspectiva diferente de Martigues y puedes entender mucho mejor cómo el agua divide y, al mismo tiempo, conecta sus tres barrios históricos.

Es uno de esos sitios que quizá no te aparezcan como “el monumento imprescindible” en todas las guías, pero que yo sí marcaría en el mapa. Especialmente si llevas cámara, porque tienes una visión mucho más abierta de la ciudad y del paisaje que la rodea.

Y después de tanta casita mona, canal y fachada de colores, viene bien levantar un poco la mirada y recordar que Martigues es bastante más grande que su postal más famosa.

El pescador y la segadora

En L’Île encontrarás las esculturas de El Pescador y la Segadora, que representan dos figuras vinculadas a la vida tradicional de la ciudad. Y homenajea a la gente que hizo de Martigues lo que es: la pesca.

La segadora recuerda a las mujeres que se encargaban de remendar y mantener las redes de pesca. Porque mientras ellos salían al agua, ellas tenían trabajo de sobra esperando a la vuelta. Y me parece una manera bastante bonita de contar la historia de una ciudad sin necesidad de levantar otro monumento de tres toneladas. 😂

Una curiosidad: el Calen

¿Sabías que Martigues conserva un calen, una instalación tradicional de pesca?

Esta forma de pesca estaba especialmente relacionada con los muges y con una de las grandes especialidades gastronómicas de la ciudad: la poutargue, las huevas de mújol curadas.

El que se conserva en Martigues es especialmente interesante porque es el último calen que queda en la ciudad.

Vamos, que cuando luego te planten delante un plato de poutargue, ya puedes decir que vienes documentada de casa.

Jonquières

Después de la parte más fotogénica de Martigues, cruzamos hacia Jonquières, otro de los tres barrios históricos de la ciudad.

Y aquí tengo una advertencia: no te dejes engañar por las apariencias, porque hay un sitio que desde fuera puede pasar bastante desapercibido y que, cuando entras, te hace pensar: “¿pero esto qué coño hace aquí?”

Chapelle de l’Annonciade

La Chapelle de l’Annonciade es una de esas pequeñas joyas que fácilmente podrías pasar por alto si vas con prisa.

Construida en el siglo XVII, fue la capilla de una antigua cofradía de penitentes y hoy está considerada Monumento Histórico. Pero lo verdaderamente espectacular está dentro.

Frescos, trampantojos, madera tallada, dorados, pinturas y un techo completamente decorado convierten el interior en una auténtica sorpresa barroca.

Si está abierta, entra. Porque desde fuera no parece que vaya a ocurrir absolutamente nada y, sin embargo, dentro te espera una pequeña sobredosis de barroco.

Además, no estamos hablando de algo que haya llegado hasta nuestros días de milagro: la capilla tuvo un larguísimo proceso de restauración que terminó en 2015, después de unos trabajos que se prolongaron durante dos décadas.

Paseando por Jonquières

Más allá de venir con una lista de monumentos que tachar, yo dedicaría un rato a pasear sin demasiadas prisas por Jonquières. Por el camino te irás encontrando rincones como la Fontaine du Buc, pequeñas plazas y calles que forman parte de la historia de este antiguo barrio.

Porque una de las cosas que más me gustó de Martigues fue precisamente esa sensación de estar descubriendo una ciudad con vida propia, sin tener que ir esquivando hordas de turistas.

Y después de L’Île y Jonquières, nos queda Ferrières, el tercero en discordia, donde Martigues cambia otra vez de cara y se abre al enorme Étang de Berre.

🌿 Ferrières: Martigues mirando al agua

Y llegamos al tercero en discordia: Ferrières. Si L’Île es la Martigues de las casitas de colores y Jonquières nos guarda alguna que otra sorpresa patrimonial, Ferrières cambia completamente de registro.

Aquí la ciudad se abre al Étang de Berre, una enorme laguna de agua salada que forma parte del paisaje de Martigues y que te acompaña durante buena parte del paseo.

Théâtre Vert

Una de las paradas curiosas de esta zona es el Théâtre Vert, un teatro al aire libre rodeado de vegetación y situado junto al Étang de Berre.

Y cuando digo rodeado de vegetación, no estoy exagerando: el jardín ocupa unos 10.000 m², con más de 70 árboles y 27 especies vegetales mediterráneas y exóticas.

Durante el verano acoge conciertos, espectáculos y diferentes actividades, pero incluso cuando no hay ninguna programación merece la pena acercarse por el entorno y por las vistas hacia el estanque.

Zapatip: si estás haciendo el recorrido a pie, es un sitio perfecto para hacer una pausa. Y si hace calor, todavía más.

La playa de Ferrières

Y sí, Martigues tiene playa en pleno centro. La playa de Ferrières se encuentra junto al Étang de Berre y es una opción muy cómoda para darte un baño sin necesidad de salir de la ciudad.

Eso sí, no esperes aquí la típica playa mediterránea de postal con arena blanca y agua turquesa: estamos ante una laguna y el paisaje es completamente diferente. Pero eso precisamente es lo bonito de la playa de Martigues.

Arena, árboles y agua transparente rodeada de gaviotas y lugares donde tomar algo.

Playas cerca de Martigues: una escapada a la Côte Bleue

Si tienes más tiempo en Martigues, yo aprovecharía para salir un poquito del centro y acercarme a la Côte Bleue.

Esta zona de costa empieza prácticamente al lado de Martigues y está llena de pequeñas calas, playas y pueblos marineros que cambian completamente el paisaje que hemos visto hasta ahora.

Y lo mejor: no necesitas coche necesariamente para acercarte a algunos de ellos. Hay opciones de transporte público que permiten hacer una escapada desde Martigues sin complicarte demasiado la vida.

Eso sí, yo no intentaría meterlo todo en el mismo día, porque entonces dejamos de viajar y empezamos a hacer oposiciones a turista.

Carro y La Couronne

Dos de las opciones que tendría más en cuenta son Carro y La Couronne, dos pequeños núcleos costeros pertenecientes a Martigues.

Carro conserva ese aire de pueblo marinero que tanto me gusta, con su puerto, sus barcas y su mercado de pescado. Es también un buen punto para acercarse al litoral y disfrutar de las vistas de la Côte Bleue.

Muy cerca está La Couronne, donde encontrarás varias playas y calas para pasar unas horas junto al Mediterráneo.

Si tienes coche y quieres combinar un poco de pueblo, costa y baño, esta zona me parece una opción estupenda para completar la visita a Martigues.

Sausset-les-Pins y Carry-le-Rouet

Y si quieres seguir recorriendo la Côte Bleue, puedes continuar hacia Sausset-les-Pins y Carry-le-Rouet.

Son dos localidades costeras muy agradables, con pequeñas playas, calas y paseos junto al Mediterráneo.

Desde Martigues están a unos 30 minutos aproximadamente en autobús, así que pueden ser una buena alternativa si no llevas coche y te apetece dedicar unas horas a la costa.

Yo los dejaría como plan B si ya has visto el centro de Martigues y tienes un día extra, porque para una primera visita prefiero dedicarle tiempo a la propia ciudad.

Dónde comer en Martigues

En Martigues tienes opciones para todos los bolsillos y estados de ánimo. Estas son las que probé yo:

Les Terrasses: comer rico con vistas

Si buscas un sitio agradable, con buena comida y vistas al agua, apunta Les Terrasses.

Está en una ubicación estupenda para sentarte a comer sin prisas y disfrutar del paisaje mientras recuperas fuerzas. Porque viajar es maravilloso, pero después de unas cuantas horas pateando Martigues, una mesa y una cerveza empiezan a parecer patrimonio de la humanidad. 😂

El pescado, las pizzas y la tarta de manzana son de 10.

Paillote Tchikita Cabana: el mejor galette de Martigues

Aquí hice un descubrimiento gastronómico importante. 😂

En plena playa está Paillote Tchikita Cabana, y aquí me comí, según mi humilde criterio, el mejor galette de la ciudad. El mío era de salmón y tan grande que la mitad se vino a Cádiz pa’ cenar.

Es una opción perfecta si quieres algo informal, comer prácticamente con los pies en la playa y seguir disfrutando del ambiente marinero de Martigues.

Zapatip: si te gustan los galettes, yo no me lo pensaría demasiado.

Le Miroir: más chic y con la poutargue como protagonista

Si buscas algo un poquito más especial, Le Miroir juega en otra liga.

Está en uno de los lugares más bonitos de Martigues, justo junto al famoso Miroir aux Oiseaux, así que el marco es difícil de mejorar.

Y aquí la gran protagonista gastronómica es la poutargue, uno de los productos más característicos de la zona.

Es la opción que elegiría para una comida más tranquila y especial, de esas en las que además de comer bien quieres decir aquello de “mira qué sitio más bonito hemos encontrado”. 😏

Kariné: porque después de una semana en Francia también se puede cambiar de país

Y para terminar, una opción bastante menos francesa: Kariné Restaurant Traiteur, un restaurante armenio.

Porque después de una semana comiendo queso, mantequilla, croissants y demás maravillas francesas, tampoco está mal cambiar de país sin coger un avión. 😂

Una alternativa diferente si te apetece salir un poco de la cocina francesa y probar algo distinto durante tu estancia en Martigues.

Dónde dormir en Martigues

Para dormir en Martigues yo lo tuve clarísimo: ibis Martigues.

Está a unos 5 minutos andando del centro, así que puedes olvidarte del coche prácticamente durante toda la visita. Y esto, cuando vas con ganas de patear una ciudad, es un puntazo.

Además, tienes la estación/parada de autobuses prácticamente al lado y justo cerca sale el barco gratuito que conecta los tres barrios históricos de Martigues. Vamos, que la ubicación me parece difícil de mejorar si quieres moverte por la ciudad sin complicarte la vida.

Las habitaciones son las típicas de ibis: sencillas, funcionales y sin esperar lujos innecesarios. Pero para una ruta como esta, en la que vas a pasar mucho más tiempo fuera que dentro del hotel, cumplen perfectamente.

Y tengo que hacer una mención especial al desayuno, porque me gustó muchísimo. Bastante completo, con opciones dulces y saladas, y perfecto para coger fuerzas antes de volver a salir a patear Martigues. El desayuno buffet también aparece entre los puntos mejor valorados por los huéspedes.

Pero si tuviera que quedarme con una cosa del hotel, sería con el personal. Fueron súper amables con nosotras durante la estancia y eso, sinceramente, siempre suma puntos.

Cómo llegar a Martigues

Si estás organizando una ruta por el sur de Francia, llegar a Martigues es bastante sencillo.

En coche, puedes llegar desde Marsella en unos 45 minutos y desde Montpellier en alrededor de 1 hora y 45 minutos.

Si vienes en avión, los dos aeropuertos que tendrás más a mano son Marsella-Provenza, a unos 30 minutos en coche, y Montpellier, a aproximadamente 1 hora y 45 minutos.

Y si estás haciendo la ruta en transporte público, también puedes llegar fácilmente desde Marsella en autobús o en el TER de la Côte Bleue.

💡 Zapatip: si no llevas coche, no descartes Martigues. Yo hice la ruta en transporte público y la ciudad se puede recorrer perfectamente sin necesidad de alquilar uno.

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