De Francia al Cielo
Este pueblito, lo confieso, fue el principal motivo de toda la escapada a Midi-Pyrénées.
Entre cuatro murallas se encuentra una ciudad medieval fundada en 1222 por el Conde de Toulouse. Lo curioso es que nació con la intención de convertirse en un punto defensivo. Y cuesta creerlo cuando la ves, porque la belleza de Cordes-sur-Ciel y de sus calles empedradas parece más sacada de un cuento que pensada para frenar tropas enemigas.
Como está en lo alto de una colina, vas a trabajar los gemelos más de lo normal (insisto en lo de seguro de viajes 😂), pero apenas te acordarás de las cuestas mientras estés allí. Todo es tan bonito que merece la pena subir, bajar, volver a subir y preguntarte por qué demonios llevas esas zapatillas y no unas de trekking.
La ciudad amurallada de Cordes te puede llevar perfectamente algo más de medio día. Yo, sin embargo, decidí quedarme también a dormir para disfrutarla cuando se marcharan los visitantes. Y funcionó: durante unas horas tuve Cordes prácticamente para mí, básicamente yo y los vecinos.
Después de día y medio por aquí, mi recomendación es recorrerla tanto por dentro como por fuera de sus murallas y prestar especial atención al reloj de la torre y a la zona de la plaza del mercado. Y, sobre todo, no tengas demasiada prisa por llegar arriba: parte del encanto está precisamente en ir descubriendo Cordes mientras subes.
En mi zona favorita de Cordes-sur-Ciel, una de las antiguas puertas de la muralla lleva un reloj desde el siglo XVII. Y no, no es simplemente un reloj puesto ahí porque quedaba mono. 😂
Sobre el pórtico había una estatua de la Virgen con una lámpara de aceite a su lado, mientras que en uno de los laterales de la puerta todavía puede verse el relieve de piedra con los nombres de los cónsules que hicieron instalar el reloj en aquella época.
Pero aquí viene mi parte favorita.
Justo al lado izquierdo de la Puerta del Reloj me quedé yo a dormir. Y no en un hotel, sino en una preciosa habitación de invitados que no vas a encontrar en Booking: La Douce Heure.
La llevan una madre y una hija, a cuál más maja, y dormir allí fue una de esas pequeñas cosas que hicieron que mi experiencia en Cordes fuera todavía más especial.
👉 Puedes contactar con La Douce Heure aquí
💡 Zapatip: si vas a Cordes, fíjate en la puerta y en todos esos pequeños detalles antes de seguir subiendo. Y si puedes quedarte a dormir, hazlo. Cuando los visitantes se marchan, el pueblo cambia completamente.
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Si quieres la típica foto de Cordes-sur-Ciel desde fuera, la tienes desde la cercana colina de Pied Haut. Desde allí puedes ver el pueblo amurallado encaramado en la colina y, si hay suerte, la panorámica es una auténtica maravilla.
Ahora bien, aquí viene el Zapatip importante: la niebla puede hacer de las suyas. Hay días en los que te pegas la caminata hasta Pied Haut y Cordes-sur-Ciel directamente ha desaparecido detrás de las nubes. 😂
Así que antes de echarte a andar, mira bien la previsión y, sobre todo, mira el cielo. Porque como esté cubierto, puedes hacerte el paseo igualmente… pero la foto que ibas buscando se ha quedado en casa.
El mercado de Cordes-sur-Ciel te va a recordar bastante a la Plaza del Mercado Nuevo de Florencia, casi seguro. Y no es precisamente nuevo: fue construido en 1350 para el comercio, especialmente de tejidos y cuero.
Alrededor de la plaza, algunas familias nobles decidieron levantar sus palacios, así que el conjunto fue ganando todavía más prestigio y, de paso, bastante más belleza.
Bajo el mercado cubierto están los famosos «pozos» de Cordes, que llegan hasta unos 100 metros de profundidad. Y justo al lado encontrarás la cruz de hierro forjado.
💡 Zapatip: párate un rato aquí y mira las fachadas que rodean la plaza. El mercado es el protagonista, pero los palacios que lo rodean tienen bastante culpa de que este rincón sea tan bonito.
Yo empezaría la visita por abajo y subiría andando, porque así vas descubriendo Cordes poco a poco.
Todavía se conservan varias de las antiguas puertas de acceso a la ciudad, entre ellas la Porte des Ormeaux y la Porte de la Jane. Y no son simplemente “la puerta de entrada”: son el comienzo de la transformación.
Pasas de estar tranquilamente dando un paseo a meterte de lleno en una ciudad medieval.
Y aquí empieza oficialmente la subida. Que Dios nos pille con buenas zapatillas. 😂
Y aquí viene una de las cosas que más me gustaron de Cordes: sus casas.
La Maison du Grand Fauconnier y la Maison du Grand Veneur son dos de las grandes protagonistas del pueblo, con esas fachadas góticas llenas de esculturas y detalles.
No hace falta saberte toda la historia medieval para disfrutarlas. Solo mira hacia arriba.
Y si eres como yo, acabarás pensando: “¿pero esta gente vivía así y nosotros ahora ponemos una planta en IKEA y nos creemos interioristas?” 😂
La Maison du Grand Fauconnier alberga actualmente el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.
En la parte alta también está la Église Saint-Michel, una iglesia gótica que destaca especialmente por su enorme campanario.
No es probablemente el lugar por el que yo organizaría una visita a Cordes, pero si está abierta, entraría. Sobre todo porque ya estás arriba y forma parte del conjunto histórico.
Y después de tanta piedra, tanta cuesta y tanto medievo, un poquito de verde, por favor.
El Jardin des Paradis está dentro de la parte histórica de Cordes y mezcla jardines de inspiración medieval, oriental y contemporánea.
Es pequeño, tranquilo y perfecto para bajar revoluciones.
Y aquí hay que probar los croquants de Cordes, un dulce típico elaborado con almendras, azúcar y clara de huevo.
Zapatip: si tienes que elegir entre comer el croquant y llevarte uno para el camino… haz las dos cosas. 😂
Y este punto lo pongo deliberadamente porque no quiero que hagáis Cordes siguiendo una lista como si estuvierais pasando revista.
Dejad el mapa un rato.
Subid por una calle, girad donde os apetezca, entrad en alguna tienda de artesanía y mirad las fachadas. En Cordes siguen trabajando artistas y artesanos —joyeros, ceramistas, escultores, pintores…— y forman parte de la personalidad actual del pueblo.
Porque al final Cordes no se viene a ver; se viene a pasear.
Cordes-sur-Ciel no es enorme y tampoco necesitas llevar una lista de veinte restaurantes apuntada en el móvil. Yo probé dos sitios durante mi visita y, si vuelvo, repetiría en ambos.
Si te gustan los productos caseros y los patés, apunta este sitio.
Pedimos un surtido de patés acompañados de diferentes mermeladas y todo, absolutamente todo, era casero. Y no casero de “bueno, está hecho aquí”, sino casero de nivel muy top.
Pero tengo que hacer una mención especial al vino porque, amigas… el vino estaba de locos. 🍷😂
De esos sitios donde empiezas diciendo “vamos a picar algo” y acabas pensando que igual te has equivocado de profesión y deberías dedicarte a comer.
💡 Zapatip: si vais, dejad hueco para disfrutarlo sin prisas. Aquí el producto es el protagonista.
La otra opción que probé fue Le Fournil de Nos Campagnes, donde encontramos un poco de todo: croques, pizzas, empanadas…
Pero con un puntito muy francés que es precisamente lo que buscaba estando en Cordes. 🇫🇷
Y aquí viene el aviso importante: deja sitio para el postre.
No te voy a decir más porque entonces ya te estoy haciendo spoiler, pero hazme caso. 😂
💡 Zapatip: si vais varias personas, pedir cosas diferentes para compartir es una buena opción para probar un poco de todo.
Aquí hay una cosa que tienes que tener en cuenta: Cordes-sur-Ciel cambia muchísimo según la hora a la que vayas.
Durante el día encontrarás visitantes, especialmente en temporada alta, porque es uno de los pueblos más conocidos de la zona. Pero cuando empiezan a marcharse, la cosa cambia bastante. Y precisamente por eso yo decidí quedarme a dormir.
A primera hora de la mañana y al final de la tarde puedes disfrutar de sus calles mucho más tranquilamente, sin tener que esquivar grupos de gente mientras intentas hacer una foto de una puerta. 😂
Además, el nombre Cordes-sur-Ciel no está puesto al azar: la niebla puede cubrir la parte alta de la colina y crear ese efecto de pueblo flotando sobre las nubes. El problema es que también puede hacer que desde Pied Haut no veas absolutamente nada. 😂
💡 Zapatip: si puedes elegir, quédate a dormir. Yo disfruté muchísimo más de Cordes cuando los visitantes se fueron y el pueblo recuperó su ritmo de pueblo, básicamente yo y los vecinos.
Si estás haciendo una escapada por la zona, ir desde Albi a Cordes-sur-Ciel en transporte público es perfectamente posible y, de hecho, fue la opción que utilicé yo.
Hay un autobús que conecta Albi con Cordes-sur-Ciel. La línea que tienes que buscar es la 707.
En mi caso, cogí el autobús de las 9:18 desde Albi y regresé a las 14:20 desde Cordes-sur-Ciel. El trayecto es bastante cómodo y te permite pasar varias horas recorriendo el pueblo.
El billete lo compré directamente allí, sin necesidad de llevarlo comprado con antelación.
Eso sí: comprueba siempre los horarios antes de ir, porque las frecuencias cambian según el día y la temporada. Y aquí no quieres hacer la típica de llegar al pueblo, enamorarte de él y descubrir después que el siguiente autobús pasa cuando ya estés jubilada. 😂
💡 Zapatip: si vas sin coche, mira primero los horarios de ida y vuelta y organiza la visita alrededor del autobús. Así sabrás exactamente cuánto tiempo tienes para recorrer Cordes sin ir mirando el reloj cada cinco minutos.
Para mí, sí. Y bastante.
De hecho, fue el principal motivo por el que organicé aquella escapada por Midi-Pyrénées y después de haber pasado aquí día y medio entiendo perfectamente por qué tenía tantas ganas de conocerlo.
Cordes-sur-Ciel tiene cuestas, adoquines y alguna que otra subida que te hace replantearte tus decisiones vitales 😂, pero también tiene ese punto de pueblo medieval que hace que quieras seguir caminando aunque ya no sepas muy bien hacia dónde vas.
Y si puedes, quédate a dormir. Para mí fue la mejor decisión. Cuando los visitantes se marchan, Cordes cambia completamente y puedes disfrutar de sus calles con mucha más tranquilidad.
Así que ya sabes: zapatillas cómodas, cámara preparada y un poco de paciencia con las cuestas. Los gemelos te lo agradecerán… o no.
👉 Qué ver en Midi-Pyrénées: ruta por el sur de Francia
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