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En mi ruta por el sur de Francia buscaba un punto intermedio entre Narbona y Martigues, dos destinos que tenía en mi radar desde hacía tiempo. La idea era sencilla: no pasar casi cuatro horas desplazándome por el sur de Francia pudiendo aprovechar para conocer otro sitio. Y, entonces, apareció Arlés.

La ciudad enamoró a Van Gogh hasta el punto de hacerle pasar aquí 15 meses y pintar más de 200 obras. Yo no estoy tan grillailla como el pintor, pero tampoco puedo ser indiferente a tanta belleza junta.

Así que lo que empezó como un “¿por qué no paramos aquí una noche?” acabó en un nuevo crush.

Qué ver en Arlés

Arlés me recordó a Albi, Verona y Trapani. Un 3 en 1 que pocas veces puedes disfrutar de esta manera y, lo mejor de todo, sin codazos.

Su centro histórico se recorre fácilmente a pie y, de hecho, creo que lo mejor que puedes hacer es perderte por sus calles, dejarte llevar y descubrir qué rincón inigualable aparece en la siguiente esquina.

La visita es perfecta para hacerla en un día, despacito, pero gozando. Porque Arlés tiene patrimonio romano, calles con muchísimo encanto, plazas llenas de vida y, por supuesto, la huella de Van Gogh por todas partes.

Seguro que alguna vez te pilla de camino a algún otro destino del sur de Francia. Así que PARA.

Para. Piérdete. Disfruta.

Van Gogh era un genio. Y visto lo visto, igual no iba tan desencaminado quedándose por aquí.

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Place de la République: aquí empieza Arlés

Si llegas a Arlés por el centro, una de las primeras estampas que te vas a encontrar es la Place de la République. Y no es precisamente una plaza que pase desapercibida. Es señorial, monumental y bastante imponente, con aire de ciudad importante que adelanta que aquí ha pasado mucha historia.

En el centro está su protagonista indiscutible: un enorme obelisco romano de granito, que originalmente formaba parte del antiguo circo romano de Arlés. Después de siglos desaparecido y de haber sido reutilizado su material durante la Edad Media, volvió a recuperar su función monumental en el siglo XIX.

Y ojo, porque este obelisco tiene un pequeño dato curioso: es uno de los dos únicos obeliscos romanos que pueden verse en Francia, junto con el de la Place de la Concorde de París.

Alrededor tienes además algunos de los edificios más importantes del centro histórico, así que para mí es un buen punto para empezar a descubrir Arlés y hacerte una primera idea de la ciudad.

Y lo mejor es que desde aquí prácticamente todo lo que quieres ver después está a tiro de piedra.

Iglesia de Saint-Trophime: entra, que es gratis

Desde la Place de la République seguimos hasta la iglesia de Saint-Trophime, una de las grandes joyas del románico provenzal. Y aquí te voy a decir algo muy clarito: entra.

Por fuera ya impresiona, especialmente por su espectacular portada, pero el interior me pareció una auténtica maravilla. Y hay un detalle que siempre suma cuando estás recorriendo una ciudad: la entrada es gratuita.

La iglesia comenzó a construirse a finales del siglo XI y se convirtió en uno de los grandes edificios religiosos de la Arlés medieval. Su portada es especialmente impresionante, llena de esculturas y escenas religiosas que merece la pena mirar con calma.

Yo entraría aunque vayas con el tiempo justo. No cuesta nada y te llevas mucho. Y en Arlés, donde hay bastantes monumentos de pago, esto se agradece todavía más.

Place du Forum: ¿estamos en Francia o en la Toscana?

Sales de Saint-Trophime, caminas unos minutos y llegas a la Place du Forum.

Y te juro que aquí tuve que hacer un pequeño check mental para recordar que seguía en Francia. 😂

La plaza tiene un aire tan toscano, tan italiano, que cuesta creer que no hayas cruzado la frontera sin darte cuenta.

Las fachadas, las terrazas, los colores y el ambiente casi te empujan a sentarte un rato y ver pasar la vida cruasán en mano.

Y además tiene historia romana por debajo de esa estampa tan bonita: esta zona ocupa el lugar del antiguo foro de Arelate, el gran centro político y comercial de la ciudad romana.

Así que sí: historia romana, arquitectura provenzal y vibes de Toscana, todo en unos pocos metros. Arlés empieza a entenderse bastante bien desde aquí. 😏 

Un café nocturno

Pero aquí hay otro motivo para detenerse, especialmente si has venido a Arlés siguiendo los pasos de Van Gogh: el famoso café que aparece en Terraza de café por la noche está aquí mismo.

Van Gogh pintó la escena en septiembre de 1888, buscando precisamente capturar el ambiente nocturno de esta pequeña plaza provenzal. Y lo curioso es que el café que ves hoy conserva una decoración inspirada en el cuadro, así que puedes colocarte prácticamente en el mismo escenario que él quiso inmortalizar.

Hay otro pequeño detalle muy Van Gogh: en el cuadro el campanario del Ayuntamiento está “movido” respecto a su posición real para poder incluirlo en la composición. Porque si hay que hacer un poquito de trampita artística para que el cuadro quede como tú quieres, pues se hace. Que para eso eres Van Gogh…

Espace Van Gogh: estar donde todo cambió

Y ahora sí, llegamos a uno de los lugares que más ganas tenía de ver en Arlés: el Espace Van Gogh.

Aquí estuvo ingresado Vincent van Gogh después del famoso episodio de la oreja, y el antiguo hospital se ha conservado y transformado en un espacio cultural.

Pero más allá de saber que Van Gogh estuvo aquí, lo que me gustó fue la sensación de estar en un lugar que fue tan importante en su vida. Porque de repente dejas de hablar del pintor, de sus cuadros y de la historia que todos conocemos y estás literalmente caminando por uno de los escenarios en los que transcurrió parte de ella.

Y ojo, no te pierdas las pequeñas tiendas que rodean el espacio. Para mí, están entre las mejores de Arlés, por precio, variedad y orgiinalidad.

El patio ajardinado del antiguo hospital es además uno de los rincones más reconocibles de la ciudad porque Van Gogh lo pintó durante su estancia aquí. Hoy puedes recorrerlo tranquilamente y comparar mentalmente el lugar que tienes delante con el que él convirtió en pintura.

Zapatip: no tengas prisa en esta zona. Entra al Espace Van Gogh, date una vuelta por el patio y cotillea las tienditas de alrededor.

Y después de estar aquí, ya no puedes evitarlo: empiezas a mirar Arlés con los ojos de Van Gogh.

La Maison Jaune: aquí vivió Van Gogh

Bueno… estuvo. Porque si llegas esperando encontrarte la casita amarilla de los cuadros, tengo malas noticias. La casa ya no existe: quedó destruida durante los bombardeos de Arlés en la Segunda Guerra Mundial.

Pero aunque no quede el edificio, estar aquí tiene algo especial. Van Gogh alquiló la casa en 1888 y fue aquí donde soñó con crear su famosa “Casa Amarilla”, un lugar donde vivir y trabajar rodeado de otros artistas. De hecho, Paul Gauguin llegó a Arlés y pasó allí unas semanas con él.

Y sí, sabemos cómo terminó aquella convivencia…

Quai du Rhône: una noche estrellada a orillas del río

Seguimos los pasos de Van Gogh hasta el Quai du Rhône, y aquí entiendo perfectamente que el hombre se quedara enganchado a Arlés.

El paseo junto al río es precioso, y eso que nos tocó calor del bueno. 😂 Aun así, me pareció uno de esos rincones para disfrutar de la ciudad desde otra perspectiva.

Y, por supuesto, aquí tenemos otra de las grandes obras que Van Gogh pintó durante su estancia en Arlés: La noche estrellada sobre el Ródano.

El cuadro representa precisamente este paisaje nocturno, con las luces de la ciudad reflejándose sobre el agua y el cielo lleno de estrellas. Van Gogh lo pintó en septiembre de 1888, pocos meses después de llegar a Arlés.

Hoy el paisaje ha cambiado, evidentemente, pero el Ródano sigue estando ahí. Y me parece bastante emocionante colocarte en este mismo entorno y pensar que Van Gogh estuvo aquí mirando prácticamente lo mismo que tú.

Zapatip: aunque vayas en pleno día y te estés derritiendo como nos pasó a nosotras, acércate al río. El paseo merece la pena. Y si puedes volver al atardecer, mejor todavía: entonces entenderás mucho mejor por qué Van Gogh se enamoró de este lugar. 🎨😂

Pont de Trinquetaille: cruzando el Ródano

Y seguimos caminando. Cruzamos ahora hacia Trinquetaille por el puente que lleva su nombre, el Pont de Trinquetaille, otro de los lugares que forman parte de la historia de Van Gogh en Arlés.

Van Gogh pintó este puente y, concretamente, sus escaleras, durante su estancia en la ciudad. Así que una vez más aparece esa sensación tan curiosa de estar pisando los mismos lugares que él convirtió en cuadros.

Además, cruzarlo te permite cambiar completamente la perspectiva y contemplar Arlés desde el otro lado del Ródano. Después de recorrer el centro histórico, es un pequeño cambio de escenario que merece la pena.

Las Arenas de Arlés

Casi 2.000 años y aquí siguen. Las Arenas de Arlés son probablemente el monumento más impresionante de la ciudad.

Este anfiteatro romano fue construido en el siglo I d.C. y podía acoger a más de 20.000 espectadores. Sí, hace casi 2.000 años los romanos ya tenían estadios con aforo considerable. 😂

Hoy sigue siendo uno de los grandes símbolos de Arlés y, además, continúa teniendo uso para espectáculos y celebraciones. Porque aparentemente después de dos milenios seguimos sin haber superado la idea de juntarnos todos alrededor de un recinto gigante para ver cosas.

Van Gogh también se fijó en él durante su estancia en Arlés y lo convirtió en protagonista de varias de sus obras.

Zapatip: aunque no tengas tiempo para entrar, acércate. Su exterior ya es espectacular y su tamaño impresiona muchísimo cuando lo tienes delante.

Y si estás haciendo la visita en un día, este es un buen punto para terminar el recorrido monumental y dedicarte después a lo mejor que puedes hacer en Arlés: perderte por sus calles, entrar en alguna tienda y sentarte en una terraza a ver la vida pasar. ❤️

Dónde comer en Arlés

Aquí lo tengo clarísimo: Saveurs et Terroirs.

Está en una ubicación inmejorable, justo frente a las Arenas de Arlés, así que comer con semejante escenario delante ya es un puntazo.

Pero es que, además, se come muy rico y los platos son de esos que da pena empezar a comer de lo bonitos que son. 😂 Y no, no es la típica decoración absurda que te ponen una flor en el plato para hacer la foto: aquí hasta las flores son comestibles. Tonterías, las justas. 😂

La carta no es enorme, pero precisamente eso me gusta: productos frescos, platos cuidados y opciones bastante variadas. Y lo mejor de todo es que los precios son súper decentes, algo que se agradece especialmente en una ciudad tan turística como Arlés.

Yo, después de recorrer la ciudad, volvería a sentarme aquí sin pensármelo. Buena comida, buen precio y las Arenas delante. ¿Qué más quieres?

Dónde dormir en Arlés

Para dormir en Arlés elegí el ibis Styles Arles Palais des Congrès y, sinceramente, me parece una opción muy recomendable si buscas algo práctico pero sin renunciar a estar a gusto.

El hotel está en una zona muy tranquila y rodeada de verde, junto al Museo de la Antigüedad de Arlés, y desde allí tienes unos 10-15 minutos andando hasta el centro histórico. Puedes llegar cruzando el Ródano o dando un pequeño rodeo por la zona del antiguo circo romano, sí, el del obelisco.

Además, tienes una navette eléctrica prácticamente en la puerta, así que si no te apetece caminar puedes utilizar el transporte público para acercarte al centro.

Y después de patearte Arlés con el calorazo que nos tocó, llegar al hotel y encontrarte con una piscina, una terraza y un bar se agradece bastante. 😂

Las habitaciones estaban limpias y correctas, que para mí es lo mínimo que le pido a un alojamiento cuando estoy haciendo una ruta en la que voy a pasar más tiempo fuera que dentro.

Pero me quedo especialmente con el entorno del hotel. No tienes la sensación de estar en un alojamiento urbano pegado a una carretera, sino en una zona bastante agradable y tranquila.

💡 Zapatip: si vas en coche, además tienes parking gratuito cerrado. Y si vas sin coche, tampoco lo descartaría: el centro está lo suficientemente cerca para ir andando y tienes la navette al lado.

Cómo llegar a Arlés

Llegar a Arlés es bastante sencillo y, además, está muy bien situada para hacer una ruta por el sur de Francia.

En coche, puedes llegar desde Narbona en aproximadamente 1 hora y 40 minutos, mientras que desde Martigues son unos 45 minutos. Y desde Marsella, alrededor de una hora.

Si vienes en avión, los aeropuertos más cercanos son Marsella-Provenza, a unos 70 kilómetros, y Montpellier, a unos 80 kilómetros.

Y si estás haciendo la ruta en transporte público, el tren es una opción estupenda. Arlés tiene estación de tren y está conectada con ciudades como Marsella, Montpellier, Nimes o Aviñón.

💡 Zapatip: si estás haciendo una ruta como la mía, el tren es comodísimo para llegar a Arlés y continuar después hacia Martigues, así que no necesitas alquilar coche sí o sí.

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