Zapas Viajeras

Zapas Viajeras viajes y escapadas pa que te copies

Ruta del Vino del Condado de Huelva: bodegas, pueblos y qué ver


Me gusta Huelva porque es bonita de cojones y no está masificada, pero, a la vez, me da rabia porque no es tan conocida y es tan, tan espectacular.

Si te pregunto por Huelva, probablemente me hables de Doñana, El Rompido, los chocos y las gambas…Pero, hay una faceta mucho menos conocida que me encantaría contarte: la Ruta del Vino del Condado de Huelva. Y ya sabes que de vino, entiendo un rato… (aunque solo sea por beber mucho).

La Ruta del Vino del Condado de Huelva atraviesa una comarca con siglos de historia ligada al cultivo de la vid. Aquí en el Condado de Huelva nacen vinos elaborados sobre todo a partir de la uva zalema. Lo sé, no te suena nada, es porque es una variedad autóctona y te va a encantar. 

Además de las bodegas que he visitado y te voy a enseñar, el territorio conserva un importante legado cultural vinculado al comercio del vino, que llegó incluso a cruzar el Atlántico en tiempos de Cristóbal Colón.

Durante dos días y medio recorrí algunas de las bodegas de la Ruta del Vino del Condado de Huelva, descubrir sus procesos de elaboración, probar su gastronomía (patada a la dieta justificada) y combinar la experiencia con visitas tan especiales como el Muelle de las Carabelas, una ruta por Doñana o un paseo a caballo en la playa. Esta fue mi experiencia, para que te inspires, te copies o te vengas conmigo en un Viaje de Maris y Marianos.

Ruta del Vino del Condado de Huelva: bodegas, pueblos y qué ver

Bodegas Contreras Ruiz: descubriendo la uva zalema desde la viña

Mi primera parada en la Ruta del Vino del Condado de Huelva fue Bodegas Contreras Ruiz, una bodega familiar con más de 150 años de historia que ya va por su cuarta generación. Y, lo mejor, al que te va a enseñar la bodega no le gusta la típica visita, así que como poco te vas a sentir en casa de un amigo, que acabas de conocer. y que tiene vino bueno p’aburrir.

La visita comienza entre viñedos, descubriendo cómo nace el vino desde la propia tierra y donde te enseñan por qué la zalema es una de las grandes protagonistas del Condado.

Los viñedos del Condado tienen ADN atlántico: aunque el mar está a unos 20 km, y eso se nota en unos suelos de arena, arcilla, caliza y hasta restos de conchas marinas. Aquí no hablan solo de parcelas de vinos, sino de “paisajes vivos”: la idea es que cada botella sepa un poquito al lugar de donde viene.

Está claro, la experiencia se aleja bastante de la típica visita a una bodega. En lugar de esperar a la cata final, el recorrido se hace copa en mano mientras recorres los viñedos y te cuentan el salseo familiar que hay detrás de cada botella de vino. 


Comer frente al Atlántico en Las Dunas de Mazagón

Después de la visita a los viñedos toca compensar el vino con comida. Y como parte importante de la Ruta del Vino del Condado de Huelva, te traigo a Las Dunas de Mazagón. 

Justo frente al Atlántico, puede que desde fuera te parezca un restaurante de playa más, pero entra… el interior está cuidado al detalle, con una decoración elegante y acogedora. Nada que ver con un chiringuito tradicional. Además, las vistas al mar son sencillamente espectaculares, el combo perfecto.

La carta es amplia y muy variada, y me veo obligada (porque te quiero) a destacar los pescados frescos, mariscos, arroces y carnes, siempre respetando la gastronomía local. Obvio que tuve que acompañar la comida con vinos del Condado de Huelva, hay que seguir descubriendo el territorio también a través de sus sabores ¡viva el vino!

Por cierto, mención especial para el equipo de sala, que además de tener arte, conoce perfectamente tanto la carta como los vinos y se preocupa por recomendar en función de los gustos de cada uno. Entre la enorme terraza, los distintos salones interiores y su ubicación privilegiada, es fácil entender por qué suele llenarse, especialmente en temporada alta. Si tienes pensado acercarte, mejor reservar con antelación, por si acaso…

El vínculo histórico entre el vino del Condado y el descubrimiento de América

Una de las sorpresas de esta ruta fue descubrir que el vino del Condado de Huelva y el descubrimiento de América están bastante más relacionados de lo que parece. Y para entenderlo hay que acercarse hasta La Rábida, donde se encuentra uno de los lugares más curiosos de la provincia: el Muelle de las Carabelas.

Aquí puedes subir a las réplicas de la Pinta, la Niña y la Santa María, las tres carabelas de la archiconocida expedición de Cristóbal Colón. Y sí, digo “subir” porque no es el típico museo de mirar cosas detrás de una vitrina: puedes entrar en los barcos, recorrer sus cubiertas y hacerte una idea bastante más realista de las condiciones en las que aquellos tipos decidieron cruzar el Atlántico. Spoiler: no tenían ni WiFi, ni aire acondicionado, ni Google Maps para mirar cuánto faltaba para llegar.

Y aquí viene la conexión con nuestra ruta del vino. Los vinos del Condado de Huelva ya viajaban en aquellas expediciones hacia América, porque su buena capacidad de conservación los convertía en una bebida perfecta para las largas travesías. Vamos, que el vino de Huelva ya estaba haciendo viajes internacionales mucho antes de que existieran los vuelos de Iberia.

El Muelle de las Carabelas forma parte del conjunto histórico de La Rábida y es una visita especialmente interesante si haces esta ruta con niños o si, como yo, eres de las que necesita ponerle contexto histórico al viaje para entender qué narices estás visitando.

Te dejo aquí además una forma más poética de visitar el muelle en barco: reserva aquí

Dormir en Mazagón rodeados de naturaleza

Siempre he pensado que dormir está sobrevalorado en los viajes, pero con tanto vino, más te vale acertar con el alojamiento. Como parte de la ruta del Condado de Huelva me quedé en el Hotel Mazagonia y, sinceramente, fue uno de esos lugares de los que cuesta marcharse. Ubicado en un entorno natural brutal, rodeado de pinares y con vistas al Atlántico, es el tipo de alojamiento que solo te hace disfrutar del entorno.

Ojo, no es raro encontrarse pavos reales paseando tranquilamente por los jardines del hotel, como Pedro por su casa. Pero uno de los grandes protagonistas es su piscina con vistas infinitas al mar. Si tienes la suerte de coincidir con el atardecer, entenderás por qué se me fue de las manos la hora. Los colores del cielo sobre el océano crean una estampa difícil de olvidar.

Por cierto, tanto Lola, su propietaria, como todo el equipo estuvieron pendientes de mí en todo momento, con una cercanía y una atención que van mucho más allá de lo profesional. Y después de haber recorrido buena parte de la provincia, puedo decirlo sin dudar: es mi hotel favorito de Huelva.

Bodegas Infante y los vinos de autor

La siguiente parada de esta ruta me llevó hasta Bodegas Infante, una bodega familiar que lleva haciendo vino desde 1870. Y aquí ya te aviso: entras pensando “vamos a probar un vinito” y sales entendiendo que detrás de esa copa hay bastante más ingeniería de la que parece.

Es una bodega pequeña, con una producción de unos 50.000 litros al año, y eso les permite mimar mucho más cada elaboración. Además, trabajan con viñedos propios y criterios ecológicos, algo que se nota en la filosofía de la casa.

Pero lo que más me llamó la atención fueron sus botas de entre 60 y 70 años. Y no están ahí solo para decorar y quedar monísimas en las fotos: juegan con el tamaño, la antigüedad y el tipo de madera para conseguir diferentes matices en los vinos.

Y luego está la parte que me encanta de las bodegas tradicionales: esas pequeñas técnicas que parecen sacadas de otro siglo. Para mantener las condiciones de humedad adecuadas y compensar la evaporación natural del vino, riegan el suelo de albero y las propias botas. Porque sí, el vino también tiene su particular spa.

Aquí trabajan variedades autóctonas como la zalema y la listán, pero también se atreven con elaboraciones bastante más originales. Mi favorita fue descubrir su mistela de naranja, que permanece macerando durante al menos ocho meses con cáscaras de naranja. El resultado es adictivo y piensas: “¿cómo no había probado esto antes?”.

Una visita muy recomendable para entender que el vino del Condado no es solo poner una copa sobre la mesa y brindar, sino tradición, experimentación y muchas horas de trabajo detrás.

Bodegas Juncales: cuando el protagonista es el vinagre

Dentro de la Ruta del Vino del Condado de Huelva también hay sitio para algo que, reconozcámoslo, normalmente queda bastante eclipsado por el vino: el vinagre.

Y aquí viene la sorpresa. En Bodegas Juncales descubrimos que no estamos hablando del típico vinagre que tienes en la cocina para echarle un chorrito a la ensalada. Esta es la única bodega de la zona que continúa elaborándolo de forma artesanal, con crianzas que pueden durar décadas. Sí, décadas. Porque aquí saben que las prisas son para otras cosas.

Lo más flipante de la visita es comprobar hasta qué punto el tiempo es el verdadero protagonista. Hay botas que guardan vinos de más de 50 años y vinagres que han llegado a alcanzar los 76 años de envejecimiento. SETENTA Y SEIS. Yo tengo cosas en casa que llevan ahí tres meses y ya me parecen antiguas.

La mayor parte de la bodega está dedicada precisamente a la crianza, con las botas de madera y unas condiciones de conservación muy concretas para que el tiempo haga su trabajo. Y cuando entras allí, lo primero que te llama la atención son los aromas: una mezcla de madera, vino y vinagre que hace quepienses que aquí llevan unas cuantas décadas tomándose muy en serio esto de esperar.
Una nota: salir de allí entendiendo que una botella de vinagre puede tener detrás tanta historia como una de vino. Décadas de paciencia, tradición y conocimiento para conseguir algo que nosotros normalmente abrimos sin pensar demasiado y echamos sobre un tomate.
Después de esta visita, os prometo que vais a mirar el vinagre de vuestra cocina con otros ojos.

Almuerzo en Bodegón Abuelo Curro

Y después de una bodega, toca llenar el estómago. Ahora toca el Bodegón Abuelo Curro, un lugar que lleva años siendo un referente en la comarca. Nada más llegar sorprende lo enorme del establecimiento, con varios salones y espacios diferentes capaces para celebrar todo lo que se te pase por la cabeza. Aun así, sobre todo los fines de semana, es recomendable reservar con antelación.

Pero más grande que el establecimiento es su comida. La carta combina carnes a la brasa, pescados, mariscos y recetas tradicionales elaboradas con producto de primera calidad. Todo lo que pasó por nuestra mesa estaba espectacular, las raciones son generosas y resulta difícil elegir un favorito.

A ello se suma un equipo cercano y profesional que te trata como si fueras cliente de toda la vida. Entre el ambiente, la calidad de la cocina y la vinculación con los vinos del Condado de Huelva, fue una de esas comidas que se convierten en parte importante del viaje y te deja recuerdos (y sabores) para seguir queriendo más Huelva.

Un atardecer a caballo en Mazagón

Si tuviera que elegir una sola experiencia de todo el viaje, probablemente sería esta. Y eso que apenas era la segunda vez que montaba a caballo en mi vida. Lo mejor de la actividad es que está pensada para todos los niveles, así que no importa si nunca has montado o si ya tienes experiencia. Sergio y su equipo están pendientes en todo momento y consiguen que te sientas cómoda y segura desde el primer minuto.

Durante cerca de dos horas recorrimos algunos de los paisajes más espectaculares de la costa onubense. El camino atraviesa pinares, zonas de matorral y enormes playas prácticamente salvajes, hasta llegar a cabalgar junto a la orilla del mar con el Atlántico extendiéndose hasta el infinito. Había momentos en los que parecía una amazona dentro de una película.

Mi compañero de aventura fue Abanico, un caballo noble y tranquilo con el que conecté desde el principio. A los pocos minutos ya parecía que llevábamos años recorriendo caminos juntos. Entre el sonido de las olas, la luz dorada del atardecer y aquellos paisajes infinitos, la sensación era difícil de describir con palabras. Solo puedo decir que terminé la ruta deseando volver a repetirla cuanto antes.

Descubriendo Doñana desde dentro

Había visitado Doñana antes, como hace 50 años, pero recorrerla desde dentro es una experiencia completamente diferente. Nuestra ruta comenzó por uno de los lugares más sorprendentes del parque: sus interminables playas salvajes. Durante las cuatro horas de recorrido atravesamos cerca de 85 kilómetros descubriendo algunos de los ecosistemas de este espacio natural único. Playas y dunas móviles, bosques mediterráneos, marismas y la desembocadura del Guadalquivir… Huelva es simplemente un sueño.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la enorme diversidad de paisajes que te explotan la cabeza. En apenas unos kilómetros pasamos del Atlántico a zonas de bosque dominadas por el pino piñonero, atravesamos extensas marismas de fondo arcilloso y observamos cómo las dunas avanzan lentamente empujadas por el viento desde hace miles de años. Incluso descubrimos curiosidades como la existencia de pozas de agua dulce a pocos metros de la orilla del mar o la Torre del Carbonero, construida para alertar de los ataques piratas que llegaban desde el norte de África.

Pero más allá de los paisajes, Doñana impresiona por su biodiversidad. Durante la visita aprendimos sobre algunas de las especies más emblemáticas del parque, como el lince ibérico o el águila imperial ibérica, una de las aves rapaces más amenazadas de Europa. Al terminar la ruta entendí mejor por qué Doñana es considerado uno de los espacios naturales más importantes del continente.

Salí de Doñana con la sensación de haber estado durante unas horas en un lugar que parece de otro planeta y que, por suerte, tenemos aquí al lado. Y sí, Huelva es un auténtico escándalo.

Bodegas Iglesias y los vinos generosos del Condado

La última parada de la Ruta del Vino del Condado de Huelva fue Bodegas Iglesias, aunque sería injusto definirla simplemente como una visita a una bodega. Lo que vivimos allí se pareció mucho más a una reunión entre amigos que a una experiencia turística más. Desde el primer momento, Mané Iglesias nos abrió las puertas de su casa, de su historia y de su forma de entender el vino con una cercanía difícil de explicar.

Entre copa y copa fueron apareciendo anécdotas, conversaciones sobre música, los Beatles, festivales culturales, concursos de pintura y mil proyectos diferentes que reflejan perfectamente la personalidad inquieta de Mané. De esas personas que parecen incapaces de relajarse y que siempre tienen una nueva idea rondándoles la cabeza. Más que escuchar una explicación, pasamos varias horas compartiendo historias y disfrutando de una hospitalidad que nos hizo sentir parte de la familia.

Y sí, también hablamos mucho de vino. Tanto que resulta complicado elegir un favorito. Pero si tengo que quedarme con uno, lo tengo clarísimo: el vino de naranja. Había probado otros antes, pero ninguno como este. Equilibrado, aromático y sorprendente, fue probablemente el mejor vino de naranja que he probado en mi vida y el broche perfecto para poner fin a una ruta que demuestra que, muchas veces, detrás de los mejores vinos hay personas todavía mejores.

¿Merece la pena recorrer la Ruta del Vino del Condado de Huelva?

Después de pasar varios días recorriendo bodegas, compartiendo mesa con productores, descubriendo paisajes inesperados y adentrándome en Doñana, mi respuesta es un sí rotundo. Pero no únicamente por el vino.

La Ruta del Vino del Condado de Huelva es una de esas experiencias bastante inéditas. Sí, aquí el vino es el hilo conductor, pero el viaje va mucho más allá: playas salvajes, gastronomía, naturaleza, historia, alojamientos con encanto y, sobre todo, personas que viven con pasión aquello que hacen. No persiguen hacerse ricos con sus negocios, sino ser felices y transmitirlo en cada copa, plato o chorreón de vinagre.

Si tienes alguna duda o quieres que te personalice el viaje ¡contáctame para lo que necesites!

Sígueme en Instagram y Facebook para estar al día de todo 😉


Últimas entradas

Ruta del Vino del Condado de Huelva
Scroll hacia arriba